Las multicitadas alianzas del PAN con la llamada izquierda integrada por el PRD, PT, Convergencia, para enfrentar al PRI en las próximas elecciones en Oaxaca, Puebla, Durango e Hidalgo, en julio próximo, entre otras, son producto de la peor fantasía animada, de ayer y hoy, de una democracia inconclusa.
En el resto de las entidades que tendrán comicios, la posibilidad de una alianza entre izquierda y derecha parece remota.
Teóricamente, una unión PAN-DIA supone una alianza coyuntural y pragmática, que pone sobre la mesa qué va ganar, quién y cómo se van a repartir el pastel, en el remoto caso de un ilusorio triunfo.
En todo caso, las mencionadas alianzas son una rareza en la realidad concreta, sobre todo si se lleva a cabo entre partidos con ideologías bien definidas, que en más de una ocasión se han enfrentado.
Ambas fuerzas políticas se comprometen -coyunturalmente- en contra de un enemigo común, sin una propuesta articulada de gobierno.
Después de los accidentados comicios del 2006, difícilmente se puede pensar en la naturalidad y pertinencia de una alianza entre partidos que se han enfrentado de palabra, obra y omisión, especialmente si de lo que se trata es fastidiar al prójimo.
Más allá del pragmatismo está el cinismo. Ahora ningún dirigente político panista o perredista se acuerda de la trillada frase "López Obrador, es un peligro para México" o los calificativos hirientes a Calderón de "pelele", "espurio" y otros que no se pueden reproducir sin ofender las buenas costumbres.
Con el inocuo pretexto de que en la lucha política todo se vale; los "líderes" del PAN y del PRD son un par de verdaderos cínicos, por no decirles de otra forma, que rayan en la desvergüenza.
Desde los panistas, Diego Fernández de Ceballos y Manuel Espino y hasta el perredista (¿todavía es?) Andrés Manuel López Obrador y un sinnúmero de propios y extraños han criticado hasta la saciedad el rocambolesco connubio del agua y del aceite.
El absurdo de tal unión se puede ver en los estados donde parece ser habrá alianza. En Oaxaca, la posible candidatura de Gabino Cué, sólo se explica porque su jefe Diódoro Carrasco está urgido de que todos se unan en contra del gobernador Ulises Ruiz. Es un caso de pleitos y venganzas, en lo que menos importa es el bienestar del pueblo oaxaqueño, otra vez amenazado con nuevas movilizaciones, paros y desquiciamientos, ahora con motivos electorales.
En Puebla, al revés de lo que sucede en Oaxaca, la izquierda poblana es un reducto donde pululan los descendientes ideológicos de los anarcosindicalistas de principios del siglo XX.
Los partidos PAN-PRD, PT, Convergencia y Nueva Alianza, respaldarían la fórmula en la que iría Rafael Moreno Valle, para gobernador y Ana Teresa Aranda, de la extrema ultraderecha, para la alcaldía de la capital.
En Durango -único estado donde ya se formalizó la extraña alianza- se intenta reciclar el expediente de "los chapulines", es decir, de ciertos políticos que por la ambición de poder saltan a otro partido y sin ningún recato traicionan al propio, porque no resultó favorecido. Como es el caso de José Rosas Aispuro Torres, quien ha sido favorecido y beneficiado por el tricolor en diversos cargos, desde alcalde hasta diputado local y diputado federal en dos ocasiones, por cierto, sin hacer campaña.
Con su desmedida ambición de alcanzar la gubernatura, "descubrió" que tiene coincidencias "ideológicas" con el perredismo y el panismo, además que tiene la idea que "ya le toca", por lo que se prepara para cambiar de chamarra. Lo alcanzó el síndrome Monreal. Son cosas de la frágil convicción personal. Esto demuestra la carencia de calidad moral y de ideología, con la que están actuando PAN y PRD en las alianzas por conveniencia.
Sin embargo, el posible brinco a la oposición del (todavía) priísta, no le garantiza el triunfo, pues los partidos que integran ese mazacote conocido como DIA (PRD, PT y Convergencia) y los del PAN tienen sus "alacranes". Sin embargo, el senador petista Alejandro González Yáñez, quien aspira a la alcaldía de Durango, amenaza con romper la alianza, en caso de que se acepte la propuesta del PAN, a favor del también senador Rodolfo Dorador Pérez Gavilán.
En Hidalgo, la figura de la foxista Xóchitl Gálvez ha metido en aprietos a las hordas del PRD, cuyas tribus ya mostraron su descontento. El problema es que el senador perredista José Guadarrama Márquez, eterno aspirante a gobernador, ya fue ungido como candidato de unidad por el PRD.
En tanto, el "presidente" nacional panista, César Nava, jura y perjura que echará al PRD del Gobierno del Distrito Federal, "porque es un partido autoritario y con malas mañas".
¿Los dos presidentes, Nava y Ortega, ya olvidaron los mutuos agravios? ¿Los perredistas son tan desmemoriados que perdonaron la campaña en el sentido de que "López Obrador, es un peligro para México"?
¿Y los panistas, Calderón incluido, han perdonado los epítetos de "usurpador", "pelele", "espurio", "fecal" y otros que el perredismo ha repetido? ¿Tanto Ortega como Nava consideran a los posibles electores, como "carne de cañón electoral"?
|