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¿El eclipse de Los Zetas? / Jorge Fernández Menéndez / Excelsior
5 de Febrero del 2010
Si la información de la DEA difundida ayer por Excélsior es veraz, estaremos asistiendo a una reconfiguración de las alianzas del narcotráfico en México que generará cambios importantes en la lucha entre los cárteles, pero también es una confirmación de lo que muchos han querido negar, sin sustentarse en evidencias, de que la presión gubernamental es la que ha obligado a esas organizaciones a agudizar sus contradicciones y a embarcarse en una guerra intestina que acabará por agotarlos. No es políticamente correcto decirlo, suena mucho mejor hablar de legalización de drogas o de buscar nuevas estrategias (sin decir nunca cuáles serían éstas), o incluso de negociación con los cárteles, pero la realidad es que la presión gubernamental, pese a todas sus insuficiencias, está llevando a los cárteles a esos niveles de autodestrucción.
Todo indica que la ruptura entre Los Zetas y el cártel del Golfo es una realidad. Llamó poderosamente la atención la divulgación de mantas en 48 ciudades, firmadas por La Familia Michoacana, para anunciar una gran alianza contra Los Zetas e incluir entre sus aliados precisamente al cártel del Golfo, con la futura creación de una nueva organización llamada La Familia Mexicana. Si es así, Los Zetas, que es la más violenta, junto con sus aliados de los Beltrán Leyva, en la geografía del narcotráfico, parecerían entrar en un proceso de remisión.
Los Zetas, los Beltrán Leyva, la gente de Vicente Carrillo en Juárez y lo que quedó de los Arellano Félix han plasmado una alianza que podría ser denominada de los outsiders del narcotráfico. Eran los grupos emergentes o los que habían sido desplazados por otros más poderosos dentro de sus respectivas organizaciones: los Beltrán, pese a su enorme capacidad operativa, quisieron desplazar a los capos históricos de Sinaloa y terminaron en guerra con ellos; Vicente Carrillo deseó ser el heredero de su hermano Amado y no sólo nunca lo logró sino que terminó peleando, en el capítulo más violento de esta guerra, toda la franja fronteriza que va de Juárez a Ojinaga, con sus ex socios. Los Arellano vieron, con la caída de Ramón y Benjamín, cómo se rompía su andamiaje de control y los que eran sus sicarios terminaron aliándose con sus enemigos históricos de Sinaloa: ellos recurrieron, a los acuerdos con Los Zetas y los Beltrán, por una necesidad de supervivencia.
Los Zetas son el más atípico de los grupos del narcotráfico mexicano. No provienen de organizaciones ligadas a la delincuencia de muchos años atrás, cohesionadas por lazos familiares y con un origen geográfico muy concreto. Ellos originalmente surgieron de las fuerzas de seguridad enviadas a combatir a Osiel Cárdenas a Tamaulipas y terminaron trabajando para éste. Fueron primero protectores, luego sicarios, más tarde comenzaron a tener sus rutas y, cuando Osiel fue deportado a Estados Unidos y ya no pudo seguir manejando el negocio desde la cárcel, se quedaron con casi todo. En el camino perdieron a la mayor parte de sus fundadores, se hicieron famosos por su grado de violencia y surgieron multitud de imitadores que sobre todo se dedicaron a la extorsión y el secuestro, lo que los hizo temibles, pero también despreciables, para muchos sectores de la población e incluso algunos de sus competidores.
Sin embargo, siempre hubo una rama de ese cártel, encabezada por TonyTormenta, el hermano de Osiel, que mantuvo una distancia con Los Zetas. No podían enfrentarlos porque no tenían la fuerza suficiente. Pero, si se ha concretado esa alianza con Sinaloa (y su amplísima red de operación), La Familia Michoacana y los grupos de Tijuana, las cosas cambian radicalmente, sobre todo ante los golpes que han recibido los Beltrán Leyva, así como Los Zetas, y el rechazo que han generado masacres como la de Juárez, perpetradas por los aliados del cártel de Carrillo, la pandilla de Los Aztecas. No se valen los paralelismos, pero lo que está ocurriendo con Los Zetas, los Beltrán y sus aliados recuerda inevitablemente lo que sucedió con Pablo Escobar y el cártel de Medellín en Colombia, y sus adversarios se parecen cada vez más a los Rodríguez Orihuela y el cártel de Cali. Pero muchos de nuestros nuevos especialistas en el tema no conocen esa historia.
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